SACERDOTES SEGÚN EL CORAZÓN DE CRISTO – Fr. Lorenzo Ato
Home > Pastor's Blog > SACERDOTES SEGÚN EL CORAZÓN DE CRISTO – Fr. Lorenzo Ato“Os daré pastores según mi corazón” (Jer 3, 15).
Estamos concluyendo el Año Jubilar Sacerdotal convocado por el Papa Benedicto XVI el año pasado, en la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, conmemorando el 150 aniversario de la muerte (Dies Natalis) de San Juan María Vianney, el Santo Cura de Arz (1786-1859), patrono de todos los sacerdotes del mundo. La clausura del Año Sacerdotal está prevista para el día 11 de junio de 2010, en la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, con una misa presidida por el Santo Padre en la Basílica de San Pedro en Roma.
Durante este año Jubilar que culmina se han realizado una serie de eventos en todo el mundo católico para destacar la figura del sacerdote, revalorar su identidad, reconocer la importancia de su vocación y su misión en la Iglesia y el mundo. Ha sido también un año de oración especial por todos los sacerdotes, un año de renovación espiritual para los mismos presbíteros. El Santo Cura de Arz siempre seguirá siendo modelo de sacerdote, sencillamente porque fue un verdadero “hombre de Dios”, un verdadero pastor que actuó según el modelo de Cristo Pastor, un sacerdote según el corazón de Cristo, un sacerdote cuya santidad de vida, como ha señalado el Papa Benedicto XVI, es consecuencia de su total identificación con el propio ministerio.
El Papa Juan Pablo II, en su Exhortación Apostólica “Pastores Dabo Vobis” (del 25 de marzo del año 1992), siguiendo la doctrina del Concilio Vaticano II, destaca los rasgos fundamentales de la identidad y misión del presbítero. Comienza citando un pasaje de Jeremías: “Os daré pastores según mi corazón” (Jr 3, 15), en el que se expresa la promesa de Dios de no privar nunca a su pueblo de pastores (Cf., PDV, 1). “Esta promesa de Dios está, todavía hoy, viva y operante en la Iglesia, la cual se siente, en todo tiempo, destinataria afortunada de estas palabras proféticas y ve cómo se cumplen diariamente en tantas partes del mundo, mejor aún, en tantos corazones humanos, sobre todo de jóvenes (PDV, 82). No se trata, desde luego – precisa el Papa – de que el pueblo de Dios sea proveído de cualquier tipo de pastores, sino de pastores según el corazón de Cristo. “El ‘corazón’ se ha revelado plenamente a nosotros en el Corazón de Cristo, buen Pastor. Y el Corazón de Cristo sigue hoy teniendo compasión de las muchedumbres y dándoles el pan de la verdad, del amor y de la vida (cf. Mc 6, 30 ss.), y desea palpitar en otros corazones —los de los sacerdotes—: «Dadles vosotros de comer» (Mc 6, 37)” (PDV, 82). Jesús es el modelo de Pastor y en quien se realizan plenamente las promesas de Dios: “Yo soy el Buen Pastor, conozco a mis ovejas y ellas me conocen” (Jn 10, 14).
El Papa Juan Pablo II nos dice que la clave absolutamente necesaria para entender el sacerdocio es la referencia a Cristo, el Sumo y Eterno Sacerdote (Cf., PDV, 12). “Los presbíteros son llamados a prolongar la presencia de Cristo, único y supremo Pastor, siguiendo su estilo de vida y siendo como una transparencia suya en medio del rebaño que les ha sido confiado(…) Los presbíteros son, en la Iglesia y para la Iglesia, una representación sacramental de Jesucristo, cabeza y Pastor….”(PDV, 15). Sin los sacerdotes, señala el Papa Juan Pablo II, la Iglesia no podría cumplir con ese mandato de Jesús de anunciar el evangelio y renovar el sacrificio eucarístico (Cf., Mt 28, 19; Lc 22, 19). El sacerdote, como hombre de Dios, debe nutrirse de una profunda intimidad con Dios para poder guiar a los fieles al encuentro de Dios, “…los cristianos esperan encontrar en el sacerdote no sólo un hombre que los acoja, que los escuche con gusto y les muestre una sincera amistad, sino también y sobre todo un hombre que les ayude a mirar a Dios, a subir hacia Él. Es preciso, pues, que el sacerdote esté formado en una profunda intimidad con Dios.” (Ángelus del día 04 marzo de 1990, Cf., PDV, 47).
No es casualidad que se haya escogido la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús tanto para inaugurar como para clausurar el Año Sacerdotal. En efecto, como se ha dicho, el presbítero está llamado a ser y actuar según el “Corazón de Cristo”. El corazón está cargado de un profundo simbolismo, pero hace referencia fundamentalmente al amor, tal como ha sido expresado en aquella visión que tuvo Santa Margarita María de Alacoque el 16 de Junio del año 1675, cuando escuchó esas palabras del Señor: “He aquí el corazón que tanto ha amado a los hombres y en cambio ha recibido ingratitud…” Jesús nos dice: “Aprendan de mí que soy manso y humilde de corazón” (Mt 11, 25). El evangelio de San Juan nos describe la escena del corazón traspasado de Cristo en la cruz: “…uno de los soldados le abrió el costado de una lanzada y al instante salió sangre y agua…” (Jn 19. 34). La Iglesia nos dice que del costado abierto de cristo en la Cruz han salido los sacramentos del bautismo y la Eucaristía, ha nacido la misma Iglesia. La devoción al Sagrado Corazón de Jesús tiene, pues, raíces bíblica. Tuvo sus comienzos en la Edad Media con San Bernardo, comenzó a celebrarse litúrgicamente sobre todo a partir de esas visiones de Santa Margarita de Alacoque en el siglo XVII. La devoción se extendió por todo el mundo católico. Fue el Papa Pío XI, en el año 1928, quien elevó la fiesta a la máxima categoría litúrgica. Esta solemnidad se celebra en el mes de Junio, el viernes posterior al segundo domingo después de Pentecostés.
La devoción al Sagrado Corazón de Jesús está dirigida a la persona de Jesús, como reconocimiento a ese amor misericordioso que tanto ha amado a los hombres, que ha sido capaz de entregar su vida en una muerte de cruz para la redención del género humano, ese amor de Dios que tantas veces no es correspondido por los hombres, ese amor de Dios “que ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado” (Rm 5, 5). Ese corazón de Jesús, herido por nuestros pecados, quiere ser amado y desagraviado por los hombres, nos invita a tener los mismos sentimientos de Jesús: amor, perdón, misericordia. El sacerdote es, precisamente, quien a ejemplo de Jesús, debe tener un corazón misericordioso, entregándose plenamente en su ministerio al servicio del pueblo de Dios, como verdadero pastor que busque las ovejas perdidas, haga volver a las descarriadas, cure a las heridas, fortalezca a las débiles (Cf., Ez 34, 16). De ese modo los sacerdotes harán realidad actualmente esa promesa de Dios: “Os daré pastores según mi corazón” (Jer3, 15).






